Cabrera no hablará: ¿y si tiene razón?

Alex Cabrera conectó anoche su 19no jonrón de la temporada y después del juego no quiso hablar con la prensa. ¿La razón?

  La decisión levantó, obviamente, molestia entre algunos colegas, todos buenos amigos. Molestia completamente entendible. A todo comunicador que esté escribiendo sobre Cabrera y su búsqueda del récord de jonrones le gustaría hablar con el protagonista de la historia. Eso es elemental. La medida adoptada por Cabrera también afecta, aunque en menor grado, a los aficionados. Cualquiera que se levantó hoy a buscar el periódico para saber qué dijo El Samurai se quedará con las ganas. De todas formas, a los fanáticos ultimadamente lo que les importa es lo que haga en el terreno, no frente a los grabadores. Pueden vivir perfectamente sin eso. Como también puede Cabrera vivir sin nosotros los periodistas y nosotros los periodistas vivir sin Cabrera. Se entrevista al manager, a los compañeros, a los contrarios. Se pueden contar mil historias. ¿Es lo ideal? No, pero se puede subsistir. Hay una cosa curiosa en la decisión: lo de no hablar hasta que de el jonrón 21. Si estás molesto por haber sido vinculado a sustancias prohibidas no comprendo por qué se te va a quitar si llegas a 21. Si la idea es vetar a la prensa, ¿para qué hacerlo a medias? Me pregunto si más bien lo que está es fastidiado o presionado por hablar todo el tiempo de lo mismo. Pero sigamos la versión oficial y asumamos que en efecto lo que lo molesta es la sombra que se le ha puesto por el tema del dopaje. Si es así, creo que tiene toda la razón del mundo de estar enfadado. Yo también lo estaría. Estaría bien molesto, especialmente, si sé que he logrado todo esto sin la ayuda de siquiera una pastilla para el dolor de cabeza. Si me fajé a trabajar, llegué en forma y la fuerza que siempre he tenido volvió a aparecer. De ser ese el caso, se entiende perfectamente la postura. Inclusive si no es así y Cabrera sí está ayudándose tomando otros caminos –cosa que no ha probado nadie hasta ahora- también es posible comprender la indignación. ¿Por qué? Porque en Venezuela todo el mundo ligado al beisbol sabe –o al menos está obligado a saber- que jamás ha existido un sistema antidopaje serio y que durante años todos hemos volteado hacia los lados. La prensa incluida. ¿Y ahora se arma un alboroto sólo porque se está acercando alguien a uno de los récords más reverenciados de nuestro beisbol? Porque seamos honestos, amigos, la única razón por la que se está hablando de este tema es por eso. Si Cabrera tuviese 10 jonrones nadie estaría diciendo nada. Eso no quiere decir que el periodismo esté mal en hacerse preguntas y plantear dudas de forma responsable. Eso es distinto a acusar. Aunque hubiese sido bueno –y me disculpan si alguien lo ha hecho- que le preguntaran a Cabrera directamente si está usando esteroides. El hombre tiene 41 años y no disputó un encuentro durante el verano. El año pasado estaba hablando de retirarse. En el 2007 fue mencionado en el reporte Mitchell porque durante la temporada del 2000 llegó una caja a su nombre al clubhouse de los Cascabeles de Arizona con esteroides. Voltear hacia otro lado y meter la cabeza en la tierra como el avestruz sería faltarle a la fanaticada. La gente no es pendeja. El periodismo tiene derecho a preguntar e indagar. Como derecho tiene Cabrera a estar molesto y cerrar la boca. No será la primera vez que fuente y periodista tienen una relación de ese tipo. Photo AVS Photo Report Mauricio Centeno