¿Es verdad lo que está haciendo Mitch Lively? Hace un año fracasó con Margarita y durante toda su carrera fue relevista, hasta que en 2013 fue probado como abridor. ¿Es sostenible su brillante desempeño? El magallanero es el líder del circuito en efectividad, con un brillante promedio de 1.19, y luce como uno de los principales aciertos de una gerencia que nos tiene acostumbrados a traer buenos importados. ¿Ojo clínico? ¿Casualidad? ¿Un poco de ambas cosas? El californiano le debe su venida más al impasse del Acuerdo Invernal que a la recomendación de Jean Machí. Por estar fuera del roster, importó menos que jamás hubiera sido un iniciador y que dejara 4.72 de efectividad en triple A, con un promedio de cuatro bases por bolas por cada nueve episodios. Era necesario traer jugadores fuera de los rosters de 40 y allí estaba el derecho. Desde que llegó, ha sido uno de los mejores pitchers de la zafra, visto a través del cristal de las estadísticas tradicionales. Es el serpentinero con más innings lanzados, el líder en victorias con balance de 4-0 y su media de carreras limpias por cada nueve entradas le ubica con casi una rayita de ventaja respecto al aguilucho Roy Merritt, su principal perseguidor. ¿Mantendrá el paso? ¿Tiene en él, la nave,  a uno esos ases necesarios, un tirador que puede ir lejos en cada salida y sojuzga a los contrarios? Quizás sí. Su WHIP de 1.09 apenas es superado por los ya probados Josh Schmidt y Yoanner Negrín. Pero habrá que seguirlo de cerca. Su promedio de boletos es uno de los siete peores en la LVBP, es consistente con lo que ha hecho en su carrera en las menores, y únicamente ha ponchado a 6,53 rivales por cada nueve episodios, también entre los 10 de abajo en la justa. Su éxito, por ahora, se construye sobre los pocos hits que le han dado; le batean para .198 y apenas le han conectado cinco extrabases. La defensa de Argenis Díaz, Rougned Odor y Wilfredo Tovar posiblemente han influido allí. Pero a menos que mejore su relación de boletos/ponches, es probable que en algún momento pise tierra y se parezca más a sus números en el norte, que no son malos, pero tan poco tan buenos como los que hasta ahora ha exhibido acá. ¿Es Joc Pederson un bateador mediocre? Hace 15 años sería lo primero que habría dicho cualquiera: que su average de .258 dice muy poco de su habilidad con el madero y que su única aptitud, más allá de dar algunos jonrones, es la de tomar pasaportes una y otra vez. Error. Pederson no es de gratis uno de los buenos prospectos de los Dodgers de Los Ángeles. Detrás de esos 26 abanicados y esas 29 transferencias hay un mar de razones para considerarlo como uno de los toleteros más productivos de nuestra pelota. Es segundo del circuito en OBP, con .479, y séptimo en slugging, con .591, lo que le ubica como uno de los apenas siete bateadores con OPS sobre 1.000 puntos. Esto no es poca cosa. Estamos ante alguien que llega a la primera almohadilla en una de cada dos veces que va a batear, y que golpea extrabases con la regularidad de los mejores. De hecho, al escribir estas líneas ocupaba el cuarto puesto en la liga con 11 extrabases y nadie en el lineup de los Cardenales había alcanzado más almohadillas con sus propios batazos que las 39 que tenía él. ¿Espejismo? ¿Candidato a un próximo bajón? Todos sufren slumps, pero es menos probable y son más cortos cuando se dejan pasar los malos pitcheos, como hace el patrullero. Sus números en el norte son consistentes con su presente: allá tiene una línea de .301/.394/.497. Los ponches explican su bajo average y seguirán llegando. Pero Pederson, sin duda, es uno de los mejores bates de la LVBP. Foto: AVS Photo Report / Alejandro Schermbeek