El Emergente // Ignacio Serrano

¿Qué hace de Miguel Cairo un pelotero tan recordado por la afición caraquista? Apenas jugó una temporada completa con los Leones, la 1994-1995. Tomó 57 turnos en su campaña de novato, un año antes, y fue cambiado de equipo en el torneo siguiente. ¿Cómo alguien sin siquiera 300 turnos con la divisa es citado por los aficionados capitalinos cada vez que ocurre una transacción con otra novena? Decir que fue un mal pacto es un lugar común en la legión metropolitana, un arma arrojadiza, el resaltador amarillo con que subrayan la premisa (tan popular como incierta) según la cual “el Caracas pierde todos los cambios”. Cairo y su alter ego Dilson Torres de nuevo están en el disgusto de muchos fanáticos a propósito del pase de Carlos Rivero a los Bravos. Torres era grandeliga al ir a los felinos. Oscar Prieto Párraga podía escoger entre los entonces ligamenoristas Giovanni Carrara, Edwin Hurtado y el bigleaguer Torres, famoso por sus primeras actuaciones con los Reales de Kansas City. Hubiera sido Carrara o Hurtado y los Leones habrían ganado en el largo plazo. Prefirieron a quien era el mejor de los tres y perdieron. Así son los cambios. Luce sabio el análisis a posteriori, porque en 2013 sabemos que la carrera de Torres se truncó. Pero analizar en retroactivo no es análisis, es ventajismo. En octubre de 1995 el mejor pelotero de los cuatro aquí citados era Torres, aunque su recorrido resultó el más pedestre en el largo plazo. La razón por la que los cambios de Cairo, Rivero y otros han causado disgusto en la fanaticada está, probablemente, en que su tiempo vistiendo los colores de la institución permitió crear un lazo afectivo que matiza las evaluaciones. Cairo era la joven promesa en ascenso, luego de ayudar en la conquista de la corona en su única temporada completa con los centrales. Rivero se ganó el corazón de los aficionados con sus batazos en la 2012-2013. Abundaban las razones para ponerlos en el mercado, sin embargo: Prieto Párraga necesitaba abrirle paso a Alex González, que sería su torpedero titular en las siguientes siete zafras; y Juan Vicente Zerpa, el gerente general de hoy, tiene a González, Hernán Pérez, Daniel Mayora, Luis Rodríguez, Eugenio Suárez, Wladimir Sutil y Gregorio Petit para defender la intermedia, el short y la antesala. Claro, los seguidores de los melenudos saben de Rivero, no de Fernando Nieve, cuyo breve paso por las mayores este año, sus brillantes números en triple A y su sólido inicio con los Bravos no pesa tanto, porque no repararon en él hasta que surgió la noticia. Es lógico. A los periodistas y gerentes nos pagan por saber eso. Los aficionados, en cambio, sólo están al tanto de sus propios peloteros, porque es la naturaleza de su condición. Cada quien en lo suyo. Si el Caracas quería reforzar su pitcheo, debía entregar algo valioso a cambio. Margarita no iba a aceptar a un jugador de la paralela. Era Rivero o Mayora o Pérez o Suárez. O peor, en términos de futuro, podía ser Jesús Galindo y un segundo jugador. Para adquirir a Jesús Alfaro hubo que entregar a Manny Trillo. Para traer a Marco Scutaro fue necesario ceder a Maicer Izturis y Jesús Silva. Para hacerse de Jesús Guzmán dieron a Marcos Carvajal, por entonces un prometedor relevista. Para obtener a Tomás Pérez y Jackson Melián cambiaron a Liu Rodríguez y el Potro Álvarez. Dieron a Melián y a José Castillo para traerse a Yorvit Torrealba. Alex Cabrera, José Ortegano, Jorge Julio y muchos otros llegaron por esa vía. A veces funcionó. A veces no. Así es el beisbol. Pero los ojos del afecto siempre verán con despecho la salida de Rivero y añorarán a Miguel Cairo. Tomada de El Emergente.com