El Emergente / Ignacio Serrano

La voz de Esteban Trapiello se escuchó emocionada, al otro lado del teléfono. “Este es sólo el comienzo”, decía. El director de TeleAragua acababa de dejar su oficina y hacía un alto para una llamada. “Vamos a transmitir el Juego de Estrellas. Tenemos los derechos. Será la red de televisoras regionales más grande que haya habido”. A Trapiello lo conocen muchos por su trayectoria en los medios audiovisuales. Creativo, apasionado, en ocasiones impulsivo hasta el exceso. Desde octubre, los aficionados de la pelota le conocen como protagonista de una polémica que atemorizó a los seguidores de los Tigres, cuando la liga amenazó con confiscar los encuentros que TeleAragua transmitiera sin autorización. La pasión de lado y lado, las posiciones automáticas que se toman en la Venezuela de los últimos años, según el pensamiento político de cada quien, han impedido ver este proceso en su justa dimensión: se trata de algo que, de ser bien llevado por todos, puede desembocar en un destino feliz para los amantes de nuestra pelota, el día en que cada uno de los duelos que se disputen en la LVBP puedan ser vistos por televisión o internet. Ha habido sobresaltos. El episodio del estadio José Pérez Colmenares, cuando la gobernación del estado Aragua rescindió los contratos vigentes, amenazó con una tormenta, que finalmente se disipó. Luego vino una innecesaria confrontación con Meridiano TV, que ha podido evitarse y en la que TeleAragua quedó injustamente como el actor malo de una película en la que privaron los malentendidos, no el diálogo. El objetivo final es laudable: que los fanáticos de cualquier equipo dispongan de una alternativa para ver a su divisa cuando lo deseen. Pero ese logro, que ya es posible en las grandes ligas, debe alcanzarse respetando una regla fundamental: los derechos de transmisión. El deporte necesita del ingreso por esta vía, como nosotros requerimos del aire. Cobró derechos de transmisión la Unión Soviética, como se cobran en Argentina, Bolivia o Europa, según la competencia. Atlanta y Los Ángeles vendieron los derechos para transmitir sus Juegos Olímpicos, pero también Beijing y Moscú. Y esos derechos conllevan, lógicamente, un grado mayor o menor de exclusividad, sobre lo cual se monta el resto de la red de medios. Tales ingresos son vitales para el espectáculo. El deporte de alta competencia requiere de un importante aporte de la empresa privada, para mantener su competitividad y seguir existiendo. En esa realidad es posible, con creatividad, lograr el objetivo de todos. Este Juego de Estrellas es un ejemplo. TeleAragua levantará la señal, a la que se unirán estaciones regionales de todo el país, desde TAM, en Mérida, pasando por Global TV, en Zulia, o Promar, en Lara, hasta Olímpica TV, en Sucre. Con su estilo, Trapiello aseguró que la novedosa red “eclipsará a las televisoras de Caracas”. Pero más allá de la anécdota, está el fin último. El contrato de transmisiones de la LVBP está por expirar y a la liga le conviene abrir la posibilidad de que todas las regionales se incorporen plenamente. Puede ser la vía más expedita para hacer realidad una ambiciosa meta. Bien canalizado, en un par de años la pelota criolla podría ofrecer, a través de LVBP.com, la posibilidad de ver todos los juegos desde cualquier parte del mundo, con un importante ingreso en divisas para el despacho, a cambio de ampliar la participación de esas televisoras. Veamos: las regionales pueden llevar los juegos a su público local, aquellos que no sean transmitidos por los canales que posean los principales derechos de transmisión, presumiblemente los canales nacionales. A cambio, las regionales ofrecerían a la liga la posibilidad de colocar en la página oficial del circuito el streaming de esos compromisos. Hoy es posible ver un juego al día en LVBP.com. Es un avance. Con el concurso de las regionales, será posible tener la opción de ver cualquiera de los cuatro de cada jornada, en cualquier parte del planeta. Aquellos que paguen más tendrían derecho de elegir qué duelo poner al aire, como debe ser. Los choques que estén libres, quedarían disponibles para los demás. Esto sería una réplica criolla de MLB TV, con la posibilidad de establecer un método de suscripciones y blackouts. Está demostrado que a más competencia y transmisiones, mejores transmisiones y más público en los estadios. El ejemplo está en lo ocurrido en la gran carpa, donde existía el temor de que ocurriría lo contrario. Es un círculo virtuoso. Porque el mismo ejemplo demuestra que a más público en los estadios, más aficionados se sientan delante de los televisores. Todos ganaremos, sin excepción. Publicado en www.elemergente.com Foto: AVS Photo Report